DIOS ME LLAMA POR MI NOMBRE…
- 19 may 2018
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Ideas y reflexiones sobre la liturgia de la Palabra de los domingos
Pbro. Lic. Efrén Silva Plascencia, párroco de san Martín de Porres. Irapuato, Gto.
La narración de Pentecostés es solemne: señala el inicio de la Iglesia y su misión. El acontecimiento es presentado por Lucas como si fuera una gran pintura: no sólo él nos narra cuanto ha sucedido; nos indica también que eso que ha sucedido es una realidad que envuelve la vida de las comunidades cristianas de todo tiempo. El Espíritu es el intérprete perfecto de la palabra de Cristo. El signo de que el Espíritu está operante en la Iglesia es el amor por Cristo que brota en el corazón de los fieles. El Espíritu, pues, generala comunión de los hijos con el Padre. Hoy la Iglesia está llamada a colaborar con el Espíritu para renovar el mundo a través del anuncio y el testimonio de cuantos ya saben que ya ha sido salvados.
La Palabra de Dios en cada parte de la liturgia
Primera lectura: El don del Espíritu es el cumplimiento de la promesa de Jesús. El caminar de cada nación quiere indicar el poder unificador del Espíritu que reconstruye la unidad perdida en Babel y preanuncia la misión universal de la Iglesia.Salmo responsorial: La creación es considerada el lugar de la acción de Yave, según nos lo recuerda hoy el salmo 103. Así la belleza del mundo es tenida revelación de la gloria del Creador. Segunda lectura: La capacidad de bien se hace realidad en el acogimiento del Espíritu. La enseñanza del trozo que escuchamos hace comprender que nosotros somos de Cristo, que su fuerza (Espíritu) está en nosotros. Evangelio: Las palabras de Jesús son insertas en el largo discurso del ‘adiós’ (o de consolación). Él ofrece a aquellos que lo aman nuevos motivos de confianza: les promete el Espíritu llamado Espíritu de verdad porque será para ellos revelado.
Lo que aprendo, hoy te lo comparto
“Permanece incompleta, sin duda alguna, la vida de un cristiano que no tenga conciencia clara de la acción santificadora del Espíritu en las almas.” El Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, Amor substancial del Padre y del Hijo, Principio de Vida del Cuerpo Místico de Cristo, es una verdad para muchos cristianos el Gran Desconocido”. Distintas voces, pero de gran autoridad moral y religiosa, nos hablan del Espíritu Santo: Un Papa, Juan Pablo II, escribe su 5a Encíclica, sobre El Espíritu Santo. Que la titula “Señor y dador de vida”. Este documento magisterial, no solo hay que leerlo, sino también y sobre todo, estudiarlo en profundidad y meditarlo a la luz y al calor del mismo Espíritu. Un Obispo, San Basilio el Grande, que nace y muere en el siglo IV, en el Asia menor. Es un Padre de la Iglesia oriental, Doctor lleno de sabiduría y Pastor celoso combatió con fortaleza y ardor a los arríanos. Fue un gran bienhechor de los pobres. Leemos en sus obras: ¿Quién habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu Santo, no siente levantado su ánimo y no se eleva su pensamiento a la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de Verdad, que procede del Padre, Espíritu Firme, Espíritu Generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares. Hacia El dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia El tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa y su soplo es para ellos, a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.
Y desde la Palabra de Dios un compromiso
El pueblo camina rumbo a la tierra que Dios le ha prometido y se acerca al monte Sinaí para recibir las diez palabras, es decir, el Decálogo. El relato de la teofanía recoge los signos clásicos: temblor, ruido de trompetas, fuego y humo. El pueblo intuye que Dios se aproxima a la tierra y ésta resiente su presencia terrible. Hay un límite infranqueable. El pueblo no puede acercarse en demasía a riesgo de morir. Quien logra intimar con Dios es solamente Moisés, el resto del pueblo permanece distante. En el pasaje evangélico Jesús declara cuál es el origen de su autoridad y su testimonio. Él no ha venido a comunicarnos un proyecto propio. Su Padre, a quien conoce de manera única, lo ha enviado. No es un maestro que reproduce una lección aprendida. Habla de la experiencia de vida, de la comunión amorosa que vive con el Padre. De esa comunión de vida y amor, nos quiere invitar a formar parte. Los comunicadores que recitan libros o doctrinas aprendidas pueden fascinarnos durante un rato. En cambio, quien comparte sus vivencias personales, su experiencia de fracaso y crecimiento humano con toda honradez, nos resulta convincente y creíble. La fuerza de la vida y los hechos acreditan a una persona. Con la debida distancia, tanto Moisés como Jesús nos comunican una experiencia personal de encuentro con Dios. Quien esté interesado en comunicar su opción de fe no necesita citar libros ni autores clásicos. Basta con compartir la propia experiencia de su encuentro con Jesús. Nuestros padres probablemente no sabían elaborar un discurso argumentado sobre su vida creyente, pero sí que nos transparentaban lo que realmente vivían: su relación cercana y personal con Dios Esa dimensión no puede faltarnos a la hora de educar en la fe a nuestros hijos.
Y el santoral de la semana
DOMINGO 20. Domingo de Pentecostés. Santos: Bernardino de Siena, presbítero; Ángel o Arcángelo, fundador; Áurea de Ostia, mártir.
LUNES 21. Santos Cristóbal Magallanes, Presbítero y Compañeros, mártires. Otros santos: Eugenio de Mazenod, fundador. Beatos Manuel Gómez González y Adilio Daronch, mártires.
MARTES 22. Santa Rita de Casia. Otros santos: Joaquina de Vedruna, fundadora. Beata María Doménica Brun, fundadora. SANTA RITA DE CASIA, del latín, diminutivo de Margarita, ''perla" (1457). Religiosa. Originaria de Casia, Italia. Casada a los 19 años, sufrió vejaciones, por parte de su violento marido, quien la hizo padecer maltrato físico y emocional. Tuvo dos hijos quienes heredaron el carácter paterno. Después de 20 años logró la conversión del esposo; sin embargo, éste fue asesinado por uno de sus enemigos. Sus hijos murieron, antes de lograr vengar a su padre. Al quedar sola solicitó, sin lograrlo, ingresar en varios conventos. Se asevera que un día "se encontró dentro del monasterio de religiosas Agustinas", quienes la aceptaron. Durante un éxtasis Jesús la estigmatizó con una corona de espinas, quedando en su frente una llaga de la cual se desprendía un olor desagradable, por lo que se retiró a un sitio apartado del convento, donde atendía con amor a enfermos, labor que desempeñó hasta su muerte. Canonizada por León XIII (1878-1903) en 1900. Se dice que después de muerta de su herida emanaba un aroma a flores, por ello se le cataloga entre los santos miroblitas (del griego myron, aceite perfumado). Se representa con hábito, herida en la frente y rosas, esto último debido al llamado "Milagro de las rosas", hecho que aconteció cuando durante invierno su prima le visitó y preguntó a Rita si deseaba algo, a lo que la monja respondió: "Sí, una rosa del jardín". La prima bajó al huerto y vio que en medio de las plantas secas se encontraba una rosa la cual llevó a Rita, la cual le dijo que esa flor era el símbolo del amor mutuo que se tenían Cristo y ella; y que era la prueba de que, si una cosa se pide con fe, nada es imposible de conseguir, por ello es intercesora de las causas imposibles Fue canonizada en 1900.
MIÉRCOLES 23. Santos: Desiderio de Langres, obispo y mártir; Juan Bautista de Rossi, presbítero. Beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, mártires.
JUEVES 24. Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Nuestra Señora María Auxiliadora. Otros santos: Donaciano y Rogaciano de Nantes, mártires. VIERNES 25. Santos: Memoria de San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia, o San Gregorio VII, papa, o Santa María Magdalena de Pazzi, virgen. SÁBADO 26. Felipe Neri, presbítero. Otros santos: María Ana de Jesús Paredes Flores, fundadora. Beato Francisco Patrizi, presbítero.





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